Tratado completo de patología interna: sacado de las obras de Monneret y Fleury, Andral, J.P. Frank, José Frank, Pinel, Chomel, Boisseau, Bouillaud, Gendrin, Hufeland, Roche y Sanson, Valleix, Requin, Piorry, y otros muchos autores : como tambien de los principales diccionarios de medicina y de las colecciones periódicas (Volume 8).
- Date:
- 1844-50
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Credit: Tratado completo de patología interna: sacado de las obras de Monneret y Fleury, Andral, J.P. Frank, José Frank, Pinel, Chomel, Boisseau, Bouillaud, Gendrin, Hufeland, Roche y Sanson, Valleix, Requin, Piorry, y otros muchos autores : como tambien de los principales diccionarios de medicina y de las colecciones periódicas (Volume 8). Source: Wellcome Collection.
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![praüfjitf lies de la peau, en 8.°, 1838, p. 248], no diferencian en su descripción el relima agudo del crónico. Nosotros seguiremos este ejemplo, convencidos de que las diversas particularidades que puedan ofrecer los sínto- mas, el curso y las causas de la enfermedad, tendrán naturalmente su lugar en la historia general que vamos a trazar. Willan y otros después que él, han descrito un ectima sifilíti- co [eclhijina ñ¿///¿7¿Ví/,\'¿l; pero nosotros no pode- mos separar asi del estudiodela sífilis una afec- ción cutánea, cuya causa es la afección venérea» y que debe encontrarse reunidaá las demás for- mas que toman las enfermedades cutáneas pro- ducidas por dicho virus específico (v. Sifilides). »Smo anatómico.—Por lo que puede supo- nerse, según el estado actual de nuestros co- nocimientos, dice Biett, el ectima reside en los folículos sebáceos como las viruelas. «Efecti- vamente, siguiendo con detenimiento el des- arrollo de la flegmasía, se vé primero un pun- to rojo saliente, que no parece otra cosa si- no el mismo folículo inflamado. Después se aumenta la hinchazón, se estiende en forma de aureola la rubicudez, y alrededor de un punto negro central se forma una pequeña colección, que mas adelante adquiere la forma redonda de la pústula flizácea. Por lo demás sigue en su desarrollo y en su declinación una marcha parecida á lade la varioloides, sucediéndose unas pústulas á otras y corriendo sus períodos, ora aisladamente, ora por grupos de cinco ó seis pústulas aglomeradas (art. cit., p. 168).» Las costras consiguientes, que ó son redondea- das, ó irregulares cuando resultan de la rotura de muchas pústulas unidas, tienen un color amarillo ó negruzco por la combinación del líquido purulento con la sangre; el desprendi- miento de estas costras se efectúa mas ó menos rápidamente: tales son las variaciones que se efectúan localmente en la pústula. »Un autor inglés, Samuel Plumbe, las ha considerado de diferente modo; y como su opi- nión ha seducido á algunos, creemos deber presentarla por completo. Este autor dice, que bien sea por alguna causa debilitante general, ó por una irritabilidad mayor de la piel, se afectan los vasos pequeños y se forma una ver- dadera petequia; pero como tienen tendencia estos vasos á reparar el mal, empieza la acción inflamatoria. Se derrama por los vasos rotos una linfa coagulable, que se mezcla con los demás líquidos exhalados; la desecación da lugar á las primeras costras; mas como la constitución está demasiado deteriorada para concurrir á la acción reparadora, se establece la supuración, aunque de un modo irregular, y viene á mez- clarse con la materia concreta un pus mal ela- borado, que se seca y aumenta el volumen de las costras. Ademas se unen glóbulos rojos á los diferentes productos segregados. Sosteniendo las costras cierto grado de irritación en la su- perficie a que están unidas, se aumenta y es- pesa la secreción purulenta; la piel se endurece, y de este modo se estiende la lesión á las par- tes inmediatas. »Todd ha censurado esta esplicacion de los fenómenos locales del ectima dada por Plumbe [Cyclopedia ofpractkal medicine, tomo I, pági- na 672), y refiriéndose á otros autores trae observaciones relativas á la lesión anatómica, que nos han parecido dignas de lijar la aten- ción. En el primer grado del mal, cuando no existe mas ¡que una elevación roja de la piel, solo se observa una inyección vascular. En el segundo grado, se deposita bajo la piel en la punta de la pústula, y muy rara vez en toda su estension, cierta cantidad de serosidad. En el tercero, se deposita en el centro de la ele- vación una sustancia de la naturaleza de las fal- sas membranas. En el cuarto, cuando se ha es- traido esta sustancia y quitado el epidermis, aparece la pústula bajo la forma de una capsu- lila rodeada de un borde ancho y duro. En fin, en el quinto grado el borde se borra gra- dualmente, formándose una pequeña cicatriz debajo de la costra, cuyo centro está deprimi- do en el sitio donde ha existido la perforación. »Bielt, que rechaza con razón la hipótesis de Plumbe, observa que si el corto derrame que se efectúa por las estremidades vasculares fuese en efecto el origen de la inflamación pus- tulosa, debería verse esta en toda clase de pe- tequias; en las cuales no es dudoso el derrame sanguíneo, y en cantidad bastante grande para que pudiera determinar una inflamación. »Sintomatolouia.—Cuando el número de pústulas es poco considerable, se presenta su- cesivamente la erupción sin observarse sínto- mas precursores. En circunstancias contrarias la aparición de las vesículas va precedida de una desazón y languidez que dura algún tiempo, de horripilaciones, anorexia, inapeten- cia, sed, cefalalgia, cansancio, estreñimiento y diarrea. Estos fenómenos cesan unas veces y otras toman mayor intensión en la época de la erupción. »Luego se perciben muchos puntos rojos, salientes, circunscritos, algo duros, que pre- sentan desde el segundo dia en su punta una coloración blanquizca, debida al líquido puru- lento que se ha formado. Ál tercero ó cuarto dia existen ya pústulas bien caracterizadas, re- dondas, prominentes, elevadas sobre una base dura y circular, de un rojo vivo ó lívido, en las personas de edad avanzada. Hacia el sesto ó sétimo dia se rompe la punta de la pústula, y el fluido que sale se concreta formando una cos- tra amarilla, oscura ó verdosa. Esta se des- prende al fin del primero ó segundo septenario, y no queda en la piel mas que una ligera man- cha violácea: «pocas veces está deprimida la capa superficial del dermis, y sobre lodo no tiene nunca la cicatriz la forma de las de las vi- ruelas, dependiendo mas bien su estension de la costra que de la misma pústula» (Biett, artículo citado, pág. 167). Algunas veces pue- de la irritación local determinar dolores é hin-](https://iiif.wellcomecollection.org/image/b21119636_0010.jp2/full/800%2C/0/default.jpg)